Nuestra sangre y la del resto de los animales tiene un ligero sabor salado porque contiene cloruro sódico, o sea, sal.
Los seres humanos, al igual que el resto de los seres vivos que pueblan el planeta, evolucionaron a partir de criaturas que habitaron los primitivos océanos, hace al menos 3.800 millones de años. En efecto, nuestros ancestros más remotos, que no eran otra cosa que bacterias y organismos de extremada simpleza, vivían en las profundidades marinas. En este ambiente acuático, todos los sistemas enzimáticos que sustentan la vida evolucionaron durante millones de años para trabajar de manera óptima en condiciones de elevada salinidad.
Esto explica por qué nuestra sangre tiene un sabor salado: su contenido en cloruro sódico resulta ser un tercio menor que el del agua marina.

La Gran Mancha Roja de Júpiter.
Valles Marineris, Marte.
Los géisers de Encélado, satélite de Saturno.
Los géisers de Tritón, satélite del planeta Neptuno.
Los picos de la luz eterna, situados cerca del polo norte de la Luna, siempre iluminados.
Primer plano del cráter Herschel situado en el satélite de Saturno Mimas.




















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